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Café y dignificación del trabajo campesino.

 

Para el Quindío y para Colombia, el café ha sido parte esencial, no solo de su desarrollo, sino de su cultura. En la zona cafetera, que incluye al Quindío, se cifra la historia de la más espectacular hazaña de crecimiento económico que haya vivido el país. Una historia que ha hecho de nuestro pueblo una gente férrea y disciplinada, vehemente y generosa, honesta y beligerante.

 

La historia es larga pero quizás baste decir que en departamentos como el nuestro, la posibilidad de acceder a la tierra en condiciones más o menos democráticas, permitió la aparición del cafetero —aquel pequeño propietario productor cuya finca no excede la hectárea y media— que, ayudado del trabajo familiar y con el colchón de sus huertas y otros cultivos de pan coger, logro posicionar a Colombia como un país cafetero reconocido a nivel mundial.

El café permitió el crecimiento económico del país, aportó a la construcción de infraestructura, significó un recurso vital para el desarrollo de otros sectores económicos y nos dotó de una identidad común. Todo esto se logró de la mano de una institución fundamental: la Federación Nacional de Cafeteros. Hoy que el país se ha diversificado, la importancia del café aún se deja sentir.

A pesar de esto, las condiciones de vida de nuestros cafeteros, al igual que las de nuestros demás campesinos, parecen haberse estancado hace décadas y hoy el campo no parce ser una opción rentable. Pocos se quedan en el campo.

Un estudio de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia señala que desde de la década del 90 muchos municipios del eje cafetero han presentado escasez de mano de obra e incluso en la mayoría de ellos la situación se ha hecho más crítica. Además, de acuerdo con datos de esta misma institución, la edad promedio de un caficultor es de 52 años y la de un recolector es de 42 años.

Hoy nuestros campesinos se están envejeciendo y las nuevas generaciones no han hecho el relevo esperado. Debemos volver al campo, hacerlo atractivo para los jóvenes. Tenemos que conectarnos con nuestras raíces. Debemos mejorar las condiciones de empleo de nuestros trabajadores; esta es la forma de lograr dignificar sus vidas.

Nuestro Proyecto de Ley Dignificación de Trabajo en el Campo, busca este propósito, dirigiendo el gasto social del Estado a resolver los diferenciales económicos de esta población. No debemos olvidar que el 44.7% de los pobladores rurales son pobres, y que un trabajador rural recibe solo un tercio del salario de lo que recibe un trabajador urbano.

Hoy, estamos trabajando nuestro proyecto con la Federación Nacional de Cafeteros. Queremos que nuestros campesinos sean reconocidos como una población prioritaria. Buscamos mejorar las condiciones laborales del trabajador campesino, pero también de garantizar incentivos para los agricultores y así facilitar la contratación del recurso humano. Cuando hablamos de dignificar el trabajo del sector agropecuario, es porqué hemos entendido que el recurso humano es el elemento clave del desarrollo agropecuario.